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El hombre oso 0

Durante más de 13 años, Timothy Treadwell (Canadá, 1957) vivió durante largas temporadas con los osos de Alaska en el llamado Grizzly Maze. Registró todas sus visitas en video, editó luego con este material algunos documentales para generar conciencia sobre la necesidad de proteger a estos animales. Durante sus expediciones convivió hasta cierto punto con sus “sujetos de investigación”, atreviéndose incluso a tocarlos, a bañarse con ellos, a ponerles nombres ridículos (Señor Chocolate, por mencionar uno), a contarles sus secretos más íntimos, en algún momento llegó casi a creerse miembro de su especie.

En 2003, a Tim se lo comió un oso.

Werner Herzog recopiló las grabaciones de Treadwell y montó las que consideró más relevantes junto con entrevistas a sus familiares, amigos y algunos expertos en temas relacionados, para crear un retrato de la vida y muerte de este bizarro personaje en un brillante documental: Grizzly man.

Lo más interesante del material que produjo el amante de los osos a través de los años es que, afortunadamente para Herzog, Treadwell más que hablar de los osos utilizó este recurso para hablar de sí mismo, eregirse como una especie de héroe (“guerrero amable” según sus propias palabras). Quiso la suerte, también, que el canadiense tuviera cierto talento como cineasta y capturara, también por accidente, imágenes invaluables. En el documental Herzog aprovecha los silencios, los intervalos en que aparentemente la acción ha terminado no sólo para crear el ritmo y la atmósfera particulares que tiene la película, sino para establecer un lazo de intimidad con el protagonista.

Treadwell cruzó más de una línea, si no la de la locura sí la frontera marcada entre la naturaleza y la civilización. En sus desvaríos llegó a sentirse parte de un mundo aparte (válgame la redundancia). En algún momento el ecologista presencia desde no muy lejos una pelea entre dos enormes osos por los favores de una hembra. Cuando ésta ha terminado y uno de los animales yace derrotado en el suelo, el tipo sienta en la tierra junto a él e intenta tener una conversación sobre mujeres con el vencido, que obviamente ni siquiera lo mira.

Herzog va construyendo a su personaje a través de las contradicciones de su discurso. Utilizando como recurso una narración en off (donde habla él mismo), el cineasta subraya éstas, analiza las interacciones entre el intruso y los animales, reflexiona sobre la validez de su empresa, en ocasiones hasta parece burlarse de él, pero aún así nunca lo condena. Herzog trabaja el documental en un tono muy personal, seguro también salta por su parte algún borde prohibido por los fundamentos del documental más ortodoxo, pero aún así la obra final habla por sí misma, permite al espectador crearse su propia opinión, formular sus propios cuestionamientos, reír o llorar. Toca además otros temas adyacentes, como el cine mismo.

Un trabajo impresionante que cuento entre mis documentales favoritos de todos los tiempos. Aquí el trailer. Para ver uno de los mejores fragmentos de Grizzly man, sigue este enlace.

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