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Ne change rien, Pedro Costa 0

El último trabajo de Pedro Costa , Ne change Rien, se mueve entre la línea imaginaria que separa al documental y la ficción. Pudiera catalogarse de falso documental, aunque también como un videoclip full-lenght o simplemente como un trabajo de esos “conceptuales”.

El cineasta portugués, realizador de la famosa Casa de lava (1994), reunió en 2009 a la actriz Jeanne Balibar, el ingeniero de sonido Phillippe Morel y un par de músicos desconocidos en una banda ficticia sin nombre, cuyos miembros parecieran condenados, en la película, a tocar y tocar sus instrumentos en sesiones de ensayo, conciertos, grabaciones, lecciones de canto, de Tokyo a Francia y de Regreso, hasta que llegue el último “fade”. Un ensayo cinematográfico sobre el proceso creativo, para algunos, para otros un mero ejercicio de contemplación con un resultado brillante. Sobre todo una obra sorpresiva, plano a plano.

Fade in. Un encuadre de luces y sombras sin forma aparente. Todo se mueve, el plano es vertiginoso y como que marea. Lo único más o menos inteligible son algunas voces, el sonido de algunas guitarras, y a medida que la estupenda voz de Balibar comienza por fin a cantar, una de las sombras toma  la forma de un hombro al que luego se unen el cuello y el rostro de la actriz (como si ambos crecieran de la primera). La oscuridad al fondo y un puñado de luces redondas que la puntean en desorden hacen que parezca que la vocal canta contra un cielo de noche. El público nunca se ve, pero está presente en forma sonora.

No creo arruinarle la película a los que no la han visto diciendo que nunca pasa más que eso. Luego viene un ensayo, en estudio, como de 20 minutos; una lección de canto donde Jeanne no atina a completar una frase pronunciando la V adecuadamente (otros 10 minutos), y así hasta el final. Lo interesante aquí no está nunca en lo que sucede, en lo que dicen los personajes… está sobre todo en cómo tal sombra de un color imposible se escurre sobre la base de tal micrófono o en la vibración de las cuerdas de guitarra o en la consecución de claroscuros que parecieran tener una secuencia específica o en la expresión inescrutable de la boca del bajista, mientras toca. El ritmo hipnótico del montaje en sintonía con una misma canción que se repite y se repite (todo en blanco y negro) hacen el resto.

La titularon, en español, algo así como No cambies nunca. Una obra maestra del cine contemplativo que, si se puede, tiene que verse en el cine. Aquí algunos fragmentos.

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