Artículo escrito

Los restos del banquete, Gabriel Wolfson 2

El libro empieza con un “por ejemplo:”, así sin mayúscula (los dos puntos y aparte), abajo un rollo sobre las bondades de cierto jabón líquido que promete ser ideal para la piel de los niños que luego termina tratando en realidad de otra cosa: una historia o el inicio de una historia que en realidad no es importante en el libro a pesar de ocupar la totalidad de sus páginas. Así como suena.

“por ejemplo:” Si  soy fiel seguidor de los finales abruptos, prefiero aún más los inicios abruptos . Funcionan como advertencia y a la vez desconciertan de entrada (por no decir que son absurdos por definición). Y lo mágico de Los restos… es que mantiene la tónica de inicio abrupto hasta el mismísimo final. Así como suena.

El texto (de difícil clasificación) está sostenido por una prosa brillante que a pesar de su complejidad atrapa en un ritmo de fácil seguimiento. Un collage de recuerdos desordenados que constituyen, parece, una reflexión sobre su propia existencia que a la vez no se da importancia a sí misma… me estoy entramando aquí, escribiendo esto, y es que el objeto en el que se basa esta modesta reseña constituye un puzzle de  por sí bastante intrincado de pequeñas historias (de prodigiosa manufactura) que en realidad no son importantes para seguir la trama, aún cuando ellas son, sí, la trama. Así…

Su lectura remite a las obras de naturaleza policiaca, donde hay que reunir las pistas, descifrar una serie de códigos y rellenar un montón de agujeros para resolver el misterio, que en este caso no se ubica en un crimen por resolver, sino  en el texto en sí. La estructura de los pasajes, los personajes, las escenas, todo… hasta el narrador, tiene el aire sospechoso de querer llegar a algún resultado específico, a la comprensión de un algo determinado, cuando el narrador mismo advierte que todo lo que está contando es sólo un pretexto para llegar al final, y el contenido neto está en la forma que adoptan las historias que narra más que en los sucesos enunciados.

Siempre me es más difícil escribir sobre libros que sobre cualquier otra cosa (por algo se ven tan pocos posteos de este tipo por aquí).  Las reseñas ligeras de esta naturaleza terminan siempre enredándose en verborrea poética, frases sobre-elaboradas y mucha reverencia al texto, al autor, una que otra cita. Al final lo que se quiere decir es que el libro este, de tal autor, es muy bueno y hay que leerlo.

Los restos del banquete (Libros Magenta, 2009) es un libro de Gabriel Wolfson, escritor y académico poblano, uno de esos autores tildados de raros (a la Tario o a la Torri) tan apreciables dentro del la producción literaria “joven” del país.  Por cierto, otro recomendable es su libro de relatos Ballenas que ganó el Premio Nacional de Cuento Joven Julio Torri 2003.

Aquí un enlace hacia algunos fragmentos del libro.

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Hay2 comentarios para este post

  1. elsaivette dice:

    Le comento que me interesó mucho este libro (me leí el enlace que dejaste)! Lo encargué en la Gandhi y ya llegó! A ver qué tal.

  2. Iván Soto dice:

    Pues ya que lo leas me cuentas por aquí, a ver si te latió…

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