Emitido en adictivas pequeñas dosis semanales a lo largo de casi tres años (mayo de 2006 a abril de 2009), Theme Time Radio Hour, un programa radiofónico a cargo del maestro Bob Dylan, cautivó a sus escuchas alrededor del mundo con insuperables playlists, tan eclécticos como su creador, que emulando a los mejores DJ’s de la vieja escuela mandó a la mierda los 40 hits principales y toda fórmula prefabricada para presentar este proyecto de grandísima calidad, que hay que incluir en toda colección musical que se respete.
Este hay que escucharlo con libreta y pluma en una mano, para no perder una sola de las invaluables recomendaciones musicales que va desempolvando el señor Dylan, y vaso de whisky en la mano libre, para estar a tono con el locutor.
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Aunque no es costumbre en No señor apache, este post se refiere a una serie que apenas empieza, y que sin embargo pinta para volverse una nueva imprescindible.
Recién estrenada en HBO, Treme es el nuevo trabajo de David Simon, creador de la magistral The Wire (aquí un enlace al post sobre ésta).
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Transmitida entre 2001 y 2005 por HBO, Six feet under es una serie dramática que tras apenas unos cuantos episodios se convirtió en mi favorita. La crítica mundial la ha reconocido en numerosas ocasiones como una de las mejores de todos los tiempos.
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Entre la legendaria racha de series televisivas que presentó el canal HBO de 1995 a 2006, hay una que ha recibido poco crédito a pesar de que la innegable calidad de sus contenidos le valió numerosos premios, una de mis favoritas׃ OZ.
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Hubo un momento, en esta misma década, en el que era posible seguir simultáneamente series tan grandes como The Sopranos, Six Feet Under, Oz y los inicios de Lost.
La calidad de las series televisivas parecía seguir aumentando, con propuestas originales, increíbles repartos, experimentos narrativos sobresalientes y un trabajo cinematográfico que competía sin ningún problema con las películas de esos tiempos (estoy hablando en términos hollywoodenses, aclaro). Pero esto no duraría mucho.
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Entre las series televisivas de los últimos tres años, es difícil encontrar propuestas originales de comedia. Aunque hay buenos proyectos, basta con ver los primeros minutos de cada uno para definir sus influencias, su temática y su probable desarrollo.
La gran excepción es The flight of the conchords.
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Cuando, en la década de los treinta, el magnate de la prensa William Hearst iba al teatro, compraba una butaca para él y otra para su sombrero. Quería ser presidente. Se había erigido un palacio (uno de muchos) cerca de San Simeón del que Bernard Shaw dijo: “era el lugar que Dios se hubiera construido, de haber tenido el dinero”.
Orson Welles filmó, a sus 24 años y en la misma década, una película que aún está considerada entre las mejores y más importantes en la historia del cine: Citizen Kane, basada en la biografía y el personaje de Hearst. Aún antes de eso ya había conquistado la Radio y los teatros de Estados Unidos.
Sus vidas, aún cuando no estaban sincronizadas temporalmente, estaban predestinadas a chocar, tarde o temprano. Y el choque los destruiría a los dos.
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Antes de la sobresaturación de series televisivas, la marca HBO era una garantía absoluta. Entre las que conforman su programación actual sigue habiendo propuestas interesantes, pero es difícil llenar los zapatos de las anteriores (del tamaño de los Sopranos y Six Feet Under). En este y algunos próximos posteos, mencionaré algunas de gran calidad cinematográfica (porque saltan la barrera de la televisión al cine), que sin embargo no tienen la reputación que se merecen.
La primera de ellas es The Wire, una saga creada por el periodista y escritor de novelas policiacas David Simon, transmitida entre 2002 y 2008 (tuvo seis temporadas). Esta es, por supuesto, policiaca. Pero no tiene nada en común con las decenas de programas de esta categoría. Es un proyecto épico que rompió con todos los moldes.
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La Criterion Collection reúne una serie de ediciones especiales de películas para auténticos cinéfilos. En términos editoriales, ya hablando en cine, Criterion normalmente es sinónimo de calidad. Abro con esto para subrayar lo significativo de que entre las únicas dos series televisivas de la colección, esté Fishing with John. Y para fundamentar el por qué, he aquí un fragmento del guión del primer episodio:
Jarmusch: “I’ll drive.”
Lurie: “You wanna drive?”
Jarmusch: “No.”
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